Citas imprescindibles 46

Julio Cesar

«La gente casi siempre cree de buena gana lo que quiere»

Cayo Julio Cesar 102 a.C. – 44 a.C.

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Consultoría vs Auditoría

Consultoria vs Auditoria

En la práctica a menudo ocurre que las tareas de consultoría y auditoría se confunden por parte de las personas implicadas en la implantación y certificación de Sistemas de gestión, incluso también por parte de las que las llevan a cabo. ¿Cómo podemos diferenciarlas entonces el resto de los mortales si ellos mismos juegan con la delgada línea de separación?.

Durante la implantación y posterior posible certificación de un Sistema de gestión en una organización, aparecen en la vida de las personas involucradas en el mismo, una serie de figuras bien diferenciadas, que a menudo se confunden por parte de estas personas y en muchas ocasiones también por parte de ellas mismas. ¿Cómo saber diferenciarlas entonces?.

Cuando una organización contrata una consultoría lo realiza en forma de ayuda externa para el proceso de implantación del Sistema de gestión en la misma, no para el de certificación. Éste lo debe realizar una entidad certificadora. Lo que pasa es que actualmente en la mayoría de los casos, estas dos funciones de consultoría y certificación se solapan en una organización aglutinadora en forma de consultoría–certificadora, pero en realidad, se trata de una organización con 2 funciones claramente diferenciadas, de manera que en la práctica la misma entidad consultoría–certificadora no puede realizar ambas tareas para la misma organización. Es decir, si la organización la contrata para realizar labores de consultoría, no puede después realizar la certificación del Sistema de gestión implantado bajo la misma. Incluso, es más, entre estas dos funciones debería también añadirse la función de auditoría, que en su versión de auditoría interna podría quedar del lado de la consultoría y en el otro caso del de la certificación.

Así, hay casos en los que a una organización le puede interesar optar por la opción de aglutinar en una sola entidad todo el proceso de implantación y auditoría interna de su Sistema de gestión. Más que nada
por comodidad, aunque también puede ser por una razón económica en forma de una mejor oferta planteada en caso de la contratación conjunta de ambas labores. Como ya he comentado, la aglutinación del proceso de implantación y certificación del Sistema de gestión en una sola entidad consultoría–certificadora no es posible. Pero aún en el supuesto de que la misma persona de dicha entidad tenga la capacitación suficiente para llevar a cabo ambas funciones, en cada momento asistirá a la organización en calidad de sólo una de ellas. Es decir, si es la misma persona física la que va a la organización a realizar la consultoría en la implantación del Sistema, mientras realice dicha tarea lo hará en calidad de consultor, no debiendo y/o pudiendo en ningún caso realizar actividades de auditoría. Por el contrario, si dicha persona va a la organización a realizar una auditoría interna, será por expreso deseo de la organización y bajo la contratación expresa de la misma. En ese momento, lo hará en calidad de auditor interno y no debería durante la realización de la auditoría llevar a cabo tareas correspondientes a un consultor.

La función del consultor consiste en orientar, acompañar y aconsejar durante el proceso de implantación del Sistema de gestión en la organización, para poder cumplir en la posterior auditoría de certificación con los requisitos establecidos en la familia de normas ISO referentes a dicho sistema. Aparece por la organización tantas veces como la misma lo estime necesario con la frecuencia periódica establecida entre él y la misma. Por otro lado, la misión del auditor es corroborar, verificar, recoger evidencias y certificar que se cumple o no con dichos requisitos a auditar. Suele visitar la organización con carácter anual.

El dilema que se plantea es que tanto el consultor como el auditor son personas, y ni el primero es un espabilado que viene sólo a llevarse un sueldo a casa sin importarle si a la organización le conceden o no el certificado, ni el segundo es un ogro que viene a llevarse consigo una lista interminable de No Conformidades, porque muy probablemente haya sido consultor antes que auditor, con lo que muy probablemente también él haya sido anteriormente auditado.

Desde mi perspectiva, la organización debería ver a ambos como agentes externos que acuden a la misma para ayudarla a mejorar su Sistema de gestión. Por esta razón, ocurre que durante el proceso de implantación el consultor suele realizar inevitablemente pequeñas funciones de auditoría encaminadas según su propio criterio a limar el Sistema de gestión implantado antes de la realización de la auditoría. Y ocurre también que durante una auditoría, tanto interna como de certificación, el auditor de turno comente involuntariamente con el auditado, que será con toda probabilidad en la mayoría de las situaciones, el Responsable del Sistema de gestión, pequeñas observaciones que son más propias de una labor de consultoría, pero que él puede considerar que no tienen la entidad suficiente como para plantearlas como No Conformidades, ni siquiera como Observaciones.

En mi opinión, en ninguna de las dos situaciones se está cometiendo infracción, ni se rebajan en ningún caso las atribuciones de cada función por ello, es decir, el consultor no deja de realizar sus funciones como consultor por el hecho de realizar también labores de auditoría, ni el auditor deja de realizar las suyas como auditor por realizar además las de consultoría, siempre y cuando no se rebase la línea de separación entre ambas y se inviertan las funciones, pasando a ser una auditoría una consultoría y viceversa. La organización debe aprovechar esos detalles que los consultores y/o auditores le regalan desinteresadamente y que quedan sin constancia alguna bajo secreto de sumario en la organización para que ésta los emplee en mejorar continuamente su Sistema de gestión, manteniendo en movimiento el ciclo PDCA de mejora continua establecido.

En resumen, en la práctica se da con relativa frecuencia que las funciones de consultoría y auditoría a menudo pueden y/suelen verse aglutinadas en la misma persona física, o también en diferentes personas pero que realizan ambas funciones simultáneamente de forma involuntaria, aunque teóricamente son dos funciones bien diferenciadas y no deberían. Como es un tema que se queda en petit comité en la propia organización, en mi opinión, éstas deberían aprovechar la ocasión en forma de regalo que estos agentes externos les ofrecen para ayudarlas a mejorar continuamente sus Sistema de gestión establecidos.

¡Nos vemos en próximas entradas!

Publicado en Buenas practicas, Opinión, Vivencias

Citas imprescindibles 45

Confucio

«Me lo contaron y lo olvidé, lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí»

Confuncio 551 a.C. – 479 a.C.

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Imagicación, creatividad e Innovación

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Con frecuencia se nos dice en los medios de comunicación que la clave para que nuestro negocio sobreviva e incluso prospere está en la innovación. Innovar está de moda, no hay duda. Lo escuchamos en todos los congresos, en los foros, en los artículos. Tanto es así que cualquier producto parece que debe llevar en su descripción este término para mostrar así su modernidad y fiabilidad.

Pero la innovación no es ni mucho menos lo que la mayoría nos imaginamos. ¿De verdad todo el mundo tiene clara la idea que esta palabra representa? Después de ver el uso que se le da al término en sí estoy convencido de que en estos últimos años se ha banalizado hasta tal punto que hoy en día sufrimos una gran confusión de terminología.

La innovación es algo mucho más serio y de más calado de lo que se nos intenta transmitir. Cada vez que escucho eso de “vamos a innovar un poco” no puedo dejar de sonreír. ¿Innovar? pero ¿acaso sabemos lo que es?

Para aclarar conceptos, mejor empezar por el principio.

Imaginación

Al igual que el ojo no entrenado no entiende una obra de arte hasta que esta está terminada, cuando hablamos de innovación no debemos olvidar de dónde parte todo el proceso. Si en la obra de arte los bocetos, el material y las primeras ideas son lo que imperan, en la innovación lo será la imaginación. Esta y no otra será su auténtica materia prima. Y es que imaginar que algo puede ser de otra manera es el primer paso hacia la innovación. Imaginar se les da bien a los niños y menos a los adultos, más que nada por falta de práctica. Imaginar es contemplar otros mundos, creer y, por tanto, ver otras posibilidades aunque de momento no existan. También es jugar, probar, arriesgar en ideas locas, sin sentido. Sin el juego esto no sería posible. Cuando imaginamos, sin quererlo, creamos ideas sin importarnos si son buenas o no. Lo importante en esta fase es jugar, pasarlo bien y dejar volar la imaginación. ¿Cuánto tiempo hace que no la liberas?

Creatividad

Pasamos a otro nivel. La creatividad la han definido como la capacidad de generar ideas nuevas y valiosas. Para esa producción de ideas será necesario recurrir a la imaginación, ya que será ella la que nos proporcione todo lo referente a la variable “novedad”. Pero la creatividad no se queda simplemente en lo nuevo, sino que va más allá. Para aportar valor necesitará tener un objetivo (una de las diferencias más importantes respecto a la imaginación) que cumplir, es decir, no valdrán todas las ideas, por imaginativas o rompedoras que sean. Servirán aquellas que solucionen el problema o foco que hemos determinado. Para ello se usará, además del pensamiento divergente, su eterno compañero, el pensamiento convergente. Gracias a él podremos someter a nuestras ideas a un proceso de evaluación. Al final del proceso creativo tendremos una idea apta para lograr nuestro objetivo.

Innovación

Y por fin la última capa de la cebolla. Estamos en la última parte de este todo y  también en la más compleja. Innovar no es ser original (lo hemos visto en “imaginación”), ni siquiera es tener ideas creativas (se ha visto en “creatividad”) sino que va más allá. De ahí lo dicho en la introducción. Innovar es todo eso llevado hasta la sociedad y aceptado por la misma. Me explico. Detectar una nueva oportunidad y generar una idea creativa al respecto, desarrollarla y ponerla en el mercado, y además que esta sea aceptada por el público por su evidente valor añadido. Eso es innovar. Por tanto, si nuestra idea, por muy creativa que sea, no es aceptada por el cliente, me temo que no estamos innovando (aunque sí siendo muy creativos).

Hemos querido meter en la misma olla la imaginación, la creatividad y la innovación durante mucho tiempo. Es más, conceptos como talento, calidad o ingenio también son mezclados en esta receta. Por ello cuando comentas a alguien que en realidad no está innovando, se molesta.

Puede que estas definiciones convenzan más o menos. Para mí, lo más importante sería que en cada empresa se tenga un consenso de lo que se entiende por cada uno de los términos. Con ello evitaremos desviarnos de lo que realmente queremos y conseguir grandes cosas.

¡Nos vemos en próximas entradas!

Publicado en Opinión, Vivencias
Sobre el autor:

Antonio María Fernández de Puelles de Torres-Solanot

– Trabajador Social

– Empresario

– Máster en Dirección de Comercio Intenacional

– Máster en Business Intelligence, Big Data, Professional Qualification in Management & Leadership

– Certificación Oficial CMMI

– Certificación Oficial en ITIL V3

– Master en Redes CCNA de Cisco

– Ingeniero en Informática de Gestión

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