
«El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.»
Plutarco 46 – 127
De consultor BI a Trabajador Social
Vivencias y reflexiones de un ingeniero informatico, reconvertido en trabajador social

«El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.»
Plutarco 46 – 127

La tecnología está transformando profundamente nuestras vidas. Con el efecto combinatorio de innovaciones como la inteligencia artificial, la robótica y la cadena de bloques (blockchain) estamos al borde de una revolución tecnológica que alterará la forma en que vivimos y trabajamos en una escala fundamentalmente diferente.
En esta publicación, abordaremos la definición de «Cuarta Revolución Industrial» y hablaremos sobre las principales tecnologías que impulsan esta transformación, así como sus impactos en los negocios y las expectativas de los consumidores.
Estas son las tres revoluciones industriales que moldearon nuestra sociedad moderna. Con cada una de estas tres innovaciones (la máquina a vapor, la era del pensamiento científico y de la producción masiva, y el surgimiento de tecnologías digitales) el mundo cambió profundamente.
Esto mismo está sucediendo por cuarta vez. ¿Qué impulsa la Cuarta Revolución Industrial? Hoy en día, las tecnologías como el cómputo en la nube, las redes sociales, la movilidad, el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) y la Inteligencia Artificial (IA), en conjunto con una mayor capacidad informática y una mayor cantidad de datos (seguramente ya conoce el concepto de Big Data) están alterando nuestra sociedad.
Lo más probable es que recuerde las clases de historia acerca de la Revolución Industrial y el impacto de las máquinas a vapor y las fábricas en la economía y la sociedad de la época. De hecho, el concepto que tradicionalmente tenemos es de una Revolución Industrial que marcó el inicio de la era moderna de la producción mecanizada.
Sin embargo, la perspectiva más moderna identifica distintos marcos de revoluciones industriales. El pionero en este concepto es el Dr. Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) y autor del libro The Fourth Industrial Revolution (La Cuarta Revolución Industrial). De acuerdo con el Dr. Schwab, una revolución industrial se caracteriza por el surgimiento de «nuevas tecnologías y nuevas maneras de percibir el mundo que impulsan un cambio profundo en la economía y la estructura de la sociedad».
Por lo tanto, es posible identificar los siguientes períodos relacionados con la revolución industrial:
La llegada de la máquina a vapor, en la década de 1760, fomentó la mecanización de la agricultura y la producción textil. Esto abrió el camino hacia la urbanización con la energía a vapor y las máquinas, lo que proporcionó tecnologías superiores para embarcaciones y ferrocarriles. La fábrica se convirtió en el nuevo centro de la vida comunitaria.
El avance de la industrialización creó una clase media de trabajadores. Las ciudades e industrias crecieron más rápidamente y las economías se desarrollaron.
Una serie de inventos comenzó a aparecer: motor de gasolina, aviones, fertilizantes químicos. El pensamiento científico avanzaba con grandes descubrimientos en la física y también con el perfeccionamiento del método científico. ¡Viva la ciencia!
Estos principios del método científico (por ejemplo: observar, medir, probar hipótesis) también se comenzaron a adoptar en las fábricas, principalmente en las líneas de montaje que formaban la plataforma para la producción masiva. A principios del siglo XX, Henry Ford y su empresa estaban produciendo en masa el innovador Ford Modelo T, un auto con motor de gasolina fabricado en líneas de montaje en sus plantas.
En 1900, el 40% de la población de Estados Unidos ya vivía en ciudades (respecto al 6% en 1800). Otras innovaciones como la energía eléctrica, la radio y los teléfonos transformaron la forma de vida de las personas. Además, si lo pensamos bien, fue esta segunda revolución industrial la que colocó los cimientos del mundo moderno.
Mientras lee esta publicación, está experimentando las maravillas de la revolución digital. Está aprovechando las ventajas del cómputo en la nube, del Internet y de algún dispositivo (portátil, smartphone o quizás una tableta) que le permite acceder a esas tecnologías.
La tercera revolución industrial tiene como marco inicial la década de 1950 con el desarrollo de la microelectrónica (consulte: semiconductores), de los mainframes y también de los primeros debates sobre la Inteligencia Artificial. Con el fenómeno de la “digitalización”, la información que antes se consumía o transmitía de manera analógica fue sustituida por los medios digitales. Por ejemplo, un televisor con antena (analógica) se sustituyó con un dispositivo conectado a Internet y un servicio de reproducción de videos (digital).
La tercera revolución industrial comenzó a impulsar también el fenómeno de la Transformación digital, en el cual las empresas buscan mejorar los procesos operativos, la creación de nuevos modelos de negocios y la integración de la experiencia del cliente por medio de la tecnología.
Cada revolución industrial representó cambios profundos y transformaciones en nuestra sociedad. El centro de la vida salió de las comunidades agrícolas y se trasladó a las fábricas, las personas abandonaron el campo y llegaron a las ciudades con la introducción de la producción mecánica. La electricidad y los sistemas de producción masiva cambiaron la forma en que las personas vivían y trabajaban. Y, más recientemente, la revolución digital causó rupturas en todas las industrias a través de la transformación digital —y la manera en que las personas vivían, trabajaban y se comunicaban vivió nuevamente cambios importantes.
¿Hacia dónde nos dirigimos? En este momento, nos encontramos bajo una “tormenta perfecta” de tecnología. Es como si todo lo que siempre soñamos desde las décadas del 50 y 60 se hiciera realidad ahora. Calma, todavía no tenemos voladores DeLoreans, pero ya tenemos robots, mapas genéticos e impresión en 3D. Cuando estas tecnologías se combinan, las cosas comienzan a ponerse realmente interesantes. Es lo que describimos al inicio de este artículo como el efecto combinatorio de las tecnologías que están impulsando la cuarta revolución.
En su libro sobre la Cuarta Revolución Industrial, el Dr. Klaus Schwab la describe así: «Comenzó a principios de este siglo y tuvo como base la revolución digital. Está caracterizada por un Internet mucho más móvil y mundial, por sensores más pequeños y más potentes, y por inteligencia artificial y aprendizaje automático».
Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, investigadores de MIT, describen este período como «la segunda era de las máquinas». (nota del blog: aquí está la pista para el libro más reciente de Erik y de Andrew, «Machine, Platform, Crowd. Harnessing our Digital Future” [Máquina, plataforma, multitud. Aprovechamiento de nuestro futuro digital]).
Es un mundo más inteligente y más conectado que se está construyendo a nuestro alrededor en este preciso momento.
| «La Cuarta Revolución Industrial es una manera de describir un conjunto de transformaciones en marcha y otras prontas a ocurrir en nuestra economía, sociedad y forma de vivir». |
Algunas veces, pareciera que la línea que divide la cuarta revolución y la revolución digital es un poco confusa. Entonces, ¿qué distingue concretamente a una de la otra?
Los investigadores del Foro Económico Mundial establecen tres factores de diferenciación:
Toda revolución industrial está impulsada por innovaciones que generalmente se manifiestan como nuevas tecnologías. Cuando esas innovaciones se vuelven lo suficientemente baratas para escalarse y difundirse, cambian la sociedad. Una máquina a vapor en un laboratorio en Inglaterra es un óptimo experimento. Los centenares de máquinas a vapor que abastecen un sistema ferroviario son capaces de transformar una nación.
En la Cuarta Revolución Industrial, los principales factores de los cambios asombrosos que estamos presenciando incluyen el costo decreciente de la computación y los dispositivos conectados, la facilidad de implementación de algoritmos de IA, y la caída radical del precio de la secuenciación genética.
«Cosas» conectadas e inteligentes nos están ayudando a desarrollar autos autónomos, asistentes virtuales y a mejorar el diagnóstico de imágenes de salud (de este modo, transforman el mundo físico, digital y biológico).
Aquí hay algunas estadísticas que lo pueden sorprender:
En este punto ya quedó bien claro que la tecnología y la revolución industrial están estrechamente relacionadas. Son los avances tecnológicos los que impulsan las revoluciones industriales. A continuación aparecen las diez tecnologías que caracterizan la Cuarta Revolución Industrial.
Tecnologías que cambian el mundo físico
Tecnologías que cambian el mundo digital
Causa y efecto
Las diez tecnologías que presentamos son la causa de la revolución que estamos viviendo. Ahora vamos a investigar los efectos e impactos de la Cuarta Revolución Industrial.
El primero de ellos es el aumento de la productividad. Las tecnologías como la IA y la automatización han aumentado nuestra capacidad productiva y mejorado la distribución de nuestro tiempo. Sin embargo, no todo es tan sencillo. Aún existen muchas cuestiones morales y éticas acerca de estas innovaciones (si quiere profundizar, consulte, por ejemplo, el argumento de la «Superinteligencia» de Nick Bostrom).
Los clientes de hoy tienen la expectativa de obtener respuestas a cualquier hora, en el canal y medio de su preferencia. Especialmente si ese cliente es un millennial. Ya sea en redes sociales, correo electrónico, chat o teléfono, ellos quieren una atención al cliente personalizada e instantánea.
¿Cómo llegamos a estas expectativas tan altas?
Las tecnologías que nos rodean evolucionaron y elevaron las expectativas de los clientes. La IA, por ejemplo, ya transformó la expectativa en relación con la atención al cliente. Nuestra referencia de hoy es obtener respuestas rápidas (todo se encuentra a una búsqueda de distancia en Google), servicio personalizado e inteligente, es decir, que tome en cuenta nuestro historial y preferencias.
Las empresas necesitan migrar de un modelo transaccional a un modelo de relación, construido alrededor de servicios y experiencias en vez de productos.
Una de las consecuencias de la revolución digital es que estamos produciendo datos de manera exponencial. Aquí tienen una estadística: el 90% de los datos se crearon en los dos últimos años. Videos, fotos, tuits, publicaciones en redes sociales, blogs, sensores, la lista es extensa.
Todos esos datos son alimento para la inteligencia artificial. La IA está fomentando innovaciones en varios tipos de productos y servicios, y cuanto mayor sea el volumen de datos, mejores las predicciones.
Los algoritmos del aprendizaje automático pueden analizar esas transacciones y variables para mejorar el desempeño de los negocios. Por ejemplo, ayudan a las empresas a anticipar las necesidades de los clientes y optimizar precios.
Ahondemos en la industria de Transportes para ilustrar algunos puntos interesantes.
¿Necesita tener un auto? ¿O simplemente puede compartir uno?
Los servicios que permiten compartir el auto funcionan a través de múltiples industrias (transporte, tecnología, seguros, servicios financieros) para ofrecer una experiencia integrada al cliente desde la solicitud de un viaje hasta el pago. En este proceso, la noción de propiedad de un auto sufrió una ruptura.
Usted puede usar un smartphone para solicitar un auto, rastrear el auto que lo llevará a su destino, obtener información sobre el conductor/vehículo/precio del viaje, pagar el viaje y, opcionalmente, proporcionar retroalimentación sobre la experiencia.
De acuerdo, ya todos nos hemos acostumbrado a eso. ¿Qué ocurre si ahora, en vez de tener un auto, posee un «auto como servicio»? ¿Acaso no sería genial tener acceso a una flotilla de vehículos en la que usted pudiera elegir el tipo de modelo que más se adecue a su necesidad en el momento? Los fabricantes de autos están analizando seriamente enfocarse por completo en este tipo de modelo de negocios.
El Foro Económico Mundial publicó un informe sobre los puntos de inflexión de las nuevas tecnologías y sus impactos en la sociedad. Estos son algunos puntos de inflexión que pueden presentarse en el 2025:
A medida que se desarrolle la Cuarta Revolución Industrial, estas innovaciones recibirán un lugar en nuestra vida diaria. ¿Qué más podemos esperar para el futuro?
Los avances en poder computacional, IA, robótica y ciencias de materiales pueden acelerar el cambio a productos sustentables. Las técnicas de manufactura digital, incluida la impresión en 3D, se aproximarán al proceso productivo de los clientes y lograrán que el mantenimiento de piezas sea más rápido y barato.
Las innovaciones en biotecnología pueden permitir la sustitución de huesos y el trasplante de órganos a partir de impresiones en 3D de las células del tronco de un paciente. Conforme los descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro avanzan, podemos crearnos la expectativa de tener implantes neurales e interfaces cerebro-máquina que solucionen las enfermedades cognitivas.
Las nuevas tecnologías energéticas pueden crear fuentes de bajo costo y sustentables para liberar al planeta de los combustibles fósiles originados en la primera revolución industrial.
¡Nos vemos en proximas entradas!

«No hay almohada mas blanda que una conciencia tranquila y un corazón en paz.»
Anonimo.

Guste o no, nuestra imagen personal es una de nuestras principales herramientas de trabajo y puede conducirnos al éxito más rabioso… o cavar nuestra fosa y enterrarnos en el fracaso.
¿Es tan importante esa ‘famosa’ primera impresión? ¿Somos víctimas de una sociedad en exceso superficial que juzga las personas más por la fachada que por su valía personal y profesional?
Apenas somos conscientes de la velocidad con la que ‘los otros’ nos catalogan; basta una mirada o un cruce de palabras para determinar si alguien a quien acabamos de conocer podría ser el ejecutivo que estamos buscando, el amor de nuestra vida o un amigo para siempre.
La primera impresión deja una huella imborrable. Tanto que en muchas ocasiones no hay una segunda oportunidad. Refugiarnos en la excusa de que esto responde a una sociedad frívola o superficial no ayuda en absoluto. Tenemos que ser conscientes de lo que hay para aprovechar de las ventajas de esta realidad y evitar ser víctimas de un descuido irreparable. Son ‘los otros’ quienes nos definen y hay que controlar qué información les estamos ofreciendo. Retengamos este dato; ¡somos juzgados en muchas ocasiones entre treinta y sesenta segundos después de habernos conocido!
Transmitamos seriedad y distancia, proximidad y confianza, jovialidad y dinamismo. En función de la profesión que desempeñamos o del tipo de persona que nos entreviste, debemos proyectar nuestros valores pero de una forma empática con el otro. Esto es capital en la empresa, pero también en el deporte… y en la política. De igual forma que es inaceptable una foto de un futbolista de éxito drogándose, no es creíble que el CEO de una marca que pretenda vender lujo aparezca en una fiesta vistiendo una camisa con lamparones o con el pelo y la barba descuidados y sucios. Son ejemplos extremos. La realidad suele ser más gradual, y sutil. A veces, a pesar del aspecto impecable, basta un mal gesto -los inconscientes son los peores porque revelan lo que realmente llevamos dentro- para arruinar una entrevista de trabajo o un buen negocio.
A un nivel cotidiano, aunque no seamos políticos de primera fila o conocidos representantes del mundo del deporte, del arte o de las finanzas, hay aspectos que conviene no olvidar, como el conocer bien en qué tipo de situación nos encontramos y a qué personas nos dirigimos.
Proyectamos una imagen que arranca en nuestro físico y en la forma que tenemos de comunicar. En segundo término, se fortalece con todo aquello que dejamos ver de nosotros y termina por consolidarse con lo que los demás perciben e interpretan de nuestros actos. Mantenerla exige cuidados extremos, sobre todo en una sociedad en la que cada individuo lleva un teléfono que es a la vez cámara fotográfica y de vídeo y con el que cualquier acción desafortunada puede ser registrada y subida a las redes sociales, arruinando para siempre en segundos una reputación construidas a lo largo de años.
Aunque las palabras que utilizamos son muy importantes en el proceso comunicativo, porque revelan nuestro conocimiento, educación y respeto hacia los demás, la entonación y el lenguaje corporal son aspectos aún más determinantes.
Para potenciar la imagen deseada, se debe mantener una total coherencia entre los cuatro canales de información que se utilizan al transmitir cualquier mensaje: el físico, o la apariencia exterior, la voz, su tono y su modulación, los gestos, el movimiento del cuerpo y la comunicación no verbal y, por último, la indumentaria: líneas, formas, volúmenes y colores.
Si trabajamos de cara al público y tenemos que convencer a nuestros clientes de que compren nuestros productos, con una imagen fría y un tono de voz aburrido nadie se nos acercará. Si nuestra imagen es accesible y trasmite confianza, será más fácil entablar un primer contacto.
Debemos identificar y proyectar las características que nos hacen únicos, valiosos y diferentes. Huyamos de lo que nos convierte en ‘masivos’. El ser es importante pero el parecer también. Amplifiquemos y destaquemos lo que nos beneficia y neutralicemos lo negativo.
La entonación, el contacto visual, los gestos, el manejo de las manos y nuestra posición corporal, revelan la veracidad de nuestros mensajes, cómo nos sentimos y nuestro grado de seguridad o incomodidad frente a determinadas situaciones.
Imaginemos cómo nos gustaría ser recordados después de morir. Si aspiramos a que, cuando se hable de lo que fuimos, quienes nos conocieron digan: ‘era un hombre íntegro, emprendedor y justo que se había ganado el afecto y respeto de sus familiares y amigos’, todas nuestras acciones deben encaminarse a proyectar esos valores. Parece simple, ¿verdad?
En suma: en el trabajo, en sociedad o en la vida privada, es indudable la importancia de esas primeras impresiones.
Algunos dicen que lo son todo. Yo NO lo creo, por supuesto valores, cualidades personales y profesionales, actitudes y aptitudes son más determinantes pero, en muchos casos si en un primer contacto no conseguimos atraer a los demás, difícilmente podremos llegar a alcanzar nuestras metas. Existe una imagen personal ideal, y encontrarla tiene efectos asombrosos.
¡Nos vemos en proximas entradas!