
«No importa lo lento que vayas, lo importante es que no te detengas nunca»
Confucio 551 a.C. – 489 a.C.
De consultor BI a Trabajador Social
Vivencias y reflexiones de un ingeniero informatico, reconvertido en trabajador social

«No importa lo lento que vayas, lo importante es que no te detengas nunca»
Confucio 551 a.C. – 489 a.C.

Son numerosas las personas que deciden cambiar de empleo por los motivos más variados: porque se sienten infravaloradas, poco integradas en el proyecto o porque el puesto de trabajo no les reporta la satisfacción que esperaban y han descubierto nuevas perspectivas profesionales fuera de esa empresa. Antes de dar el paso definitivo, conviene calcular muy bien todos los movimientos. ¿Cómo hacerlo? ¿Con qué antelación se debe comunicar la decisión? ¿Cómo despedirse? ¿Qué razones se deben argumentar? Tener en cuenta todos estos detalles ayudará a no dañar la imagen profesional tanto de cara a la empresa de la que se sale como hacia la nueva. Una máxima que conviene cumplir es notificarlo primero a los jefes directos y especificar las razones por escrito.
¿Con cuánto tiempo debe comunicar el empleado su cese a la empresa? El trabajador deberá remitirse a su contrato de trabajo. Si en éste no se estipulara el plazo de preaviso, deberá acudir a su convenio colectivo. Si no lo hay o si en éste no se prevé ningún plazo de preaviso, la doctrina establece un plazo de 15 días. Pero una cosa son las exigencias mínimas que contemple la legislación y otra, muy diferente, lo que aconseje el sentido común, las circunstancias de trabajo que en ese momento viva el trabajador en su actual empresa o el acuerdo al que se llegue con la misma. Según los expertos, estas circunstancias pueden hacer que el plazo de salida de la empresa se amplíe o se reduzca.
En estos casos, algunos empleados se comprometen con la empresa a no cesar hasta que los proyectos estén acabados o la empresa encuentre el candidato adecuado para sustituirles. Esta decisión hará que la salida sea amistosa. ¿Quién sabe si las circunstancias harán que, pasado el tiempo, se vuelva a esta misma compañía? También es recomendable encargarse personalmente de proporcionar toda la información al sucesor sobre el trabajo que se realiza para facilitarle su entrada.
¿Qué ocurre si el trabajador tiene días pendientes de vacaciones que aún no ha disfrutado? Siempre que se llegue a un acuerdo con la empresa, podrá dejar de acudir a su puesto de trabajo tantos días antes como vacaciones le queden por disfrutar. Si el trabajador tuviera la obligación de avisar con 15 días de antelación a la fecha de la baja y le quedaran por disfrutar ocho días de vacaciones, podría dejar de asistir a su puesto de trabajo una vez transcurridos siete días desde que entregó la carta de preaviso.
La doctrina establece 15 días para avisar del cese, pero las circunstancias pueden hacer que el plazo de salida se amplíe o acorte.
Puede también suceder que se tengan pendientes más de 15 días de vacaciones. ¿Qué ocurre entonces? En el caso de que el trabajador tuviera que preavisar con un plazo de 15 días y le quedaran por disfrutar 20 días de vacaciones, éste podrá no acudir a su puesto de trabajo desde el momento en que presente la carta de baja voluntaria, siempre que llegue a un acuerdo con la empresa, pero en el finiquito debe constar la cuantía económica correspondiente a los cinco días de vacaciones que no disfrutó.
En condiciones normales, al abandonar un trabajo habría que seguir los procedimientos y canales propios de la empresa. Lo más lógico es comunicar la decisión, en primer lugar, a los jefe más directos y después al responsable del área de Recursos Humanos. En cuanto al modo de comunicarlo, no conviene expresarlo solo de modo verbal, sino que es conveniente dejar constancia de forma documental. El procedimiento más recomendable es el siguiente:
La comunicación de baja debe contener, además, la fecha en la que se desea que la baja sea efectiva, que ha de respetar el tiempo de preaviso fijado por contrato o convenio. Si en estos no se estipula nada, es conveniente que la fecha en la que se pretenda que la baja sea efectiva sea, al menos, de 15 días naturales posteriores a la comunicación.
¡Nos vemos en próximas entradas!

«No hay que apagar la luz de otro para lograr que brille la nuestra»
Mahatma-Gandhi 1869 – 1948

Hacer negocios conlleva, en gran medida, trabajar con clientes geniales.
Te felicitan por tu trabajo y siempre responden a tus correos electrónicos y llamadas telefónicas con una sonrisa.
La vida es perfecta cuando se trabaja con buenas personas.
Sin embargo, en ocasiones trabajarás con clientes que te molestarán tanto que no merecerá la pena dedicarles tu tiempo.
Puede que no sea culpa suya. Puede que tampoco sea tuya. Es probable que, simplemente, vuestros caracteres no encajen el uno con el otro. Ante esos casos, la mejor opción es alejarse y continuar con nuevos proyectos.
Aquí aprenderás cómo desvincularte de los malos clientes y cortar de raíz la relación que tienes con ellos.
Las relaciones con los clientes tienen por lo general un gran comienzo. El cliente está muy entusiasmado con lo que le puedes ofrecer y tú estás emocionado porque tienes un nuevo cliente y la posibilidad de generar ingresos adicionales.
Sin embargo, la relación pueden cambiar rápidamente, especialmente si tu cliente no parece estar nunca satisfecho cuando empiezas a presentarle tus proyectos.
Puedes entender esta situación como una señal de que necesitas mejorar tu producto o servicio. Sin embargo, si tienes otros clientes que están satisfechos y felices con aquello que les ofreces, quizá sea más una prueba de que tu nuevo cliente espera demasiado.
Para evitar esta situación desde el principio siempre se puede trabajar para establecer expectativas realistas. Si aun así algún cliente parece estar siempre disgustado, la mejor opción es, probablemente, cortar la relación laboral y centrarse en los clientes que están contentos con tu trabajo.
Algunos clientes requerirán más tiempo que otros. No hay manera de evitarlo. Algunos clientes necesitan mucho más tiempo de soporte y otros servicios que otros clientes.
Y en algún momento no estarás disponible para atender sus llamadas telefónicas o correos electrónicos.
Una vez más, hay que buscar el equilibrio. Tendrás clientes geniales que requerirán tu atención de vez en cuando, pero en algún momento tendrás clientes a los que tendrás que dedicar tanto tiempo que la empresa empezará a perder dinero y no tendrá sentido continuar con la relación.
Establece reglas y requisitos para tu servicio. Si tus clientes no están contentos con los requisitos, deberás cortar los lazos y centrarte en los clientes que estén satisfechos con el tiempo que puedes dedicarles.
No sé si se trata de la naturaleza humana, pero resulta curioso como muchas personas, después de firmar los términos y cláusulas de un contrato, creen tener la potestad de añadir nuevas condiciones.
Si, pongamos por caso, eres un diseñador de páginas web y tu cliente acepta ciertas condiciones por contrato, no es descabellado ofrecerle la posibilidad de añadir una serie de extras.
Pero en algún momento hay que hacer saber al cliente que vas a cobrar un suplemento por el trabajo adicional.
Si se siente cómodo con eso, entonces tienes un buen cliente. Si se queja, entonces es probable que tengas uno malo que a la larga no será rentable para ti.
Si detectas signos como los que hemos descrito previamente, u otros propios de su personalidad, y quieres detener la relación con un cliente, ten presente que nunca será fácil.
La mejor manera es suprimir toda emoción. Utiliza una comunicación neutra. Puede ser una llamada de teléfono o un correo electrónico.
Explica la situación y deja claro que, en adelante, ya no le proporcionarás ningún servicio más.
No culpes al cliente de la situación. Eso sólo puede provocar su enfado. Explique, simplemente, que la relación laboral no funciona y necesitas seguir adelante con otros proyectos.
Si el cliente ya ha pagado por algún servicio, tendrás que terminarlo necesariamente. Consulta a un asesor legal si tienes alguna duda acerca de la situación financiera y el acuerdo laboral.
El trato con los clientes no siempre es fácil. En su mayor parte sí lo es, pero a veces tendrás un mal cliente.
Cuando esto ocurre, tienes la ventaja de decidir no trabajar para ellos. Céntrate en los clientes que son felices y que te hacen feliz.
Esa guía hará que tu negocio tenga éxito y estarás más contento y con más ganas de trabajar cada día.
¡Nos vemos en próximas entradas!