Tres modelos de bienestar: UE, Estados Unidos y América Latina

Cuando hablamos de “sistemas sociales”, solemos pensar en salud, educación, pensiones, protección laboral o políticas para reducir la pobreza. Pero la realidad es que no existe una única forma de organizarlos: cada región del mundo ha desarrollado su propio modelo de bienestar, con prioridades, fortalezas y debilidades particulares. La Unión Europea, Estados Unidos y América Latina representan tres formas muy diferentes de entender la relación entre Estado, mercado y ciudadanía.

Europa: el ideal del bienestar universal

La Unión Europea es reconocida por tener uno de los modelos sociales más completos del planeta. Aunque existen variaciones entre sus países —los nórdicos, los continentales, los mediterráneos o los del Este— todos comparten la idea de que el Estado debe garantizar un nivel mínimo de bienestar para toda la población. Esto incluye sistemas de salud públicos o fuertemente regulados, educación accesible, amplias prestaciones por desempleo y pensiones relativamente generosas.

Este enfoque se traduce en una fuerte inversión pública. Los países europeos destinan una parte considerable de su riqueza a políticas sociales, lo que explica niveles de desigualdad más bajos, mayor estabilidad laboral y una red de protección más amplia ante enfermedades, crisis económicas o vejez. A cambio, los impuestos suelen ser más altos, pero la mayoría de los ciudadanos perciben un retorno directo en servicios y seguridad.

Estados Unidos: mercado fuerte, Estado limitado

En el extremo opuesto se encuentra Estados Unidos, cuyo modelo social se basa en la libertad individual y la idea de que el mercado es el principal proveedor de bienestar. Esto ha generado un sistema donde la intervención estatal es mucho más limitada que en Europa.

La salud es el ejemplo más claro: en lugar de un sistema universal, predomina el seguro privado. Programas públicos como Medicare o Medicaid cubren solo a grupos específicos, mientras que millones de personas dependen de su empleador o de su propio bolsillo para acceder a la atención médica. El resultado es un sistema muy avanzado tecnológicamente, pero también uno de los más caros y desiguales.

En educación ocurre algo similar. La educación primaria y secundaria es pública, pero de calidad muy variable. Las universidades de élite son mundialmente prestigiosas… y extremadamente costosas. El endeudamiento estudiantil es una parte casi inevitable de la vida universitaria.

En el plano laboral, el mercado estadounidense es muy flexible: despedir es relativamente sencillo y los sindicatos tienen un papel limitado. Esto favorece la creación de empleo, pero también la precariedad y la desigualdad.

América Latina: entre avances y desigualdades persistentes

América Latina constituye un caso intermedio y complejo. La región ha intentado, especialmente desde finales del siglo XX, construir sistemas sociales más amplios, pero enfrenta desafíos estructurales que limitan su consolidación: altos niveles de desigualdad, informalidad laboral, baja recaudación fiscal y mercados laborales frágiles.

La salud suele organizarse mediante sistemas mixtos: un sector público accesible pero frecuentemente saturado, y uno privado de calidad superior pero reservado a quienes pueden pagarlo. Algunos países —como Costa Rica, Uruguay o Chile— han logrado una mayor cobertura y eficiencia, mientras que otros aún lidian con grandes brechas territoriales y sociales.

En educación ocurre algo parecido: la escuela pública es mayoritaria, pero la calidad puede variar enormemente entre zonas urbanas y rurales. A nivel universitario, muchos países cuentan con instituciones públicas prestigiosas, aunque enfrentan dificultades presupuestarias.

Las pensiones y la protección laboral muestran la misma fragmentación. La alta informalidad laboral —que en algunos países supera el 50%— impide que millones de personas contribuyan a sistemas de seguridad social formales, lo que reduce su cobertura y sostenibilidad.

Aun así, la región ha experimentado avances significativos en programas de transferencias monetarias, como las conocidas “rentas mínimas” o “bolsas familia”, que han demostrado ser eficaces para reducir la pobreza extrema cuando se aplican de forma continua.

Tres caminos con retos comunes

Aunque Europa, Estados Unidos y América Latina parten de modelos distintos, todos enfrentan desafíos similares: el envejecimiento poblacional, la desigualdad, el acceso a la vivienda, la adaptación a los cambios tecnológicos y, más recientemente, la necesidad de sistemas de salud resilientes tras la pandemia.

Europa deberá garantizar la sostenibilidad de su Estado de bienestar con poblaciones cada vez más envejecidas. Estados Unidos debate cómo ampliar la cobertura sanitaria sin renunciar a su tradición liberal. Y América Latina busca consolidar estados de bienestar más sólidos pese a limitaciones fiscales y económicas.

Las diferencias son grandes, pero todas las regiones comparten un mismo objetivo: que las personas puedan vivir con dignidad, seguridad y oportunidades. La forma de alcanzarlo, sin embargo, sigue siendo tan diversa como sus historias y prioridades.

¡Nos vemos en próximas entradas!

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Citas imprescindibles 299

«No se puede deshacer el pasado, pero puedes no repetirlo.»

Bruce Willis 1955 – Actualidad

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Desigualdades invisibles: las grietas del sistema de tutela de menores en España


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En España, la protección de los niños y niñas en situación de vulnerabilidad es una responsabilidad que, sobre el papel, todos compartimos. Sin embargo, en la práctica, depende en gran medida del territorio en el que nazca o viva el menor.
La razón está en que la tutela y protección de menores es una competencia transferida a las comunidades autónomas, lo que ha dado lugar a un mosaico de normas, procedimientos y realidades que distan mucho de ser homogéneas.

La descentralización ha traído consigo avances importantes: una gestión más cercana, adaptada al entorno social y cultural de cada comunidad, y la posibilidad de innovar en programas de acogimiento o emancipación. Pero también ha abierto una brecha profunda que hoy se traduce en desigualdad territorial, falta de coordinación institucional y consecuencias sociales difíciles de ignorar.

Un sistema fragmentado

Uno de los principales problemas es la falta de homogeneidad. Las comunidades autónomas no solo aplican procedimientos distintos, sino que a menudo difieren en los criterios con los que se declara el desamparo de un menor o se decide su acogimiento.
Esto significa que la protección efectiva de un niño puede depender del código postal en el que viva. Un menor en Andalucía puede acceder a determinados recursos de apoyo o acogimiento que no existen en Castilla y León, o viceversa.

Esta fragmentación no solo es injusta, sino que dificulta la coordinación cuando un menor cambia de comunidad o cuando una familia se traslada. Los expedientes no siempre se comunican con agilidad, y la ausencia de una base de datos estatal unificada agrava el problema.

Un Estado con poco margen de actuación

Aunque el Estado tiene la obligación de garantizar la igualdad de derechos en todo el territorio, su papel en materia de tutela de menores es principalmente simbólico y normativo. Las herramientas de supervisión son limitadas, y los mecanismos de coordinación entre comunidades, como la Conferencia Sectorial de Infancia o el Observatorio de la Infancia, carecen de fuerza vinculante.

El resultado es un sistema disperso y poco evaluado, donde las buenas prácticas de una comunidad no siempre se comparten, y los errores pueden repetirse sin corrección ni aprendizaje colectivo.

Desigualdad y judicialización

Otro fenómeno preocupante es la desigual judicialización de los casos. En algunas comunidades, las decisiones administrativas sobre la tutela o el acogimiento se impugnan frecuentemente ante los tribunales, mientras que en otras apenas se revisan.
Esto genera inseguridad jurídica, pero también la sensación de que la suerte de un menor depende de quién y dónde se tome la decisión, más que del propio interés del niño o niña.

A esto se suma la sobrecarga de los servicios sociales, que en muchos territorios trabajan con escasos recursos humanos y materiales. La falta de estabilidad y formación específica entre los profesionales puede traducirse en decisiones precipitadas, rotaciones constantes y una atención más burocrática que humana.

Las consecuencias sociales: menores desiguales

El impacto de esta situación se percibe en el día a día de los menores tutelados.
Algunos disfrutan de programas de acogimiento familiar o emancipación bien estructurados; otros, en cambio, permanecen años en centros saturados o con escasa atención psicológica.
La transición a la vida adulta, especialmente a partir de los 18 años, es un momento crítico: sin una red de apoyo sólida, muchos jóvenes tutelados acaban en situaciones de precariedad o exclusión social.

Más allá de los datos, lo que subyace es una brecha en los derechos de la infancia. El principio constitucional de igualdad se diluye cuando el acceso a una protección efectiva depende del territorio.
España, que ha firmado la Convención de los Derechos del Niño, aún no garantiza de forma real que todos los menores, sin importar su origen, reciban la misma protección y oportunidades.

Un reto de cohesión y justicia

El sistema autonómico no es el problema en sí. La diversidad territorial puede ser una fortaleza si se acompaña de coordinación, evaluación y transparencia.
Pero sin mecanismos de cohesión, la descentralización se convierte en un terreno fértil para la desigualdad.

Reforzar la cooperación entre comunidades, crear estándares mínimos de protección y establecer una base estatal de datos de menores serían pasos fundamentales para garantizar que ningún niño o niña quede en desventaja por razones geográficas.

Porque, en última instancia, la tutela de los menores no debería ser un asunto de fronteras autonómicas, sino un compromiso colectivo con la infancia y la igualdad.

¡Nos vemos en próximas entradas!

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Citas imprescindibles 298

«Quienes sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche.»

Edgar Allan Poe 1809 – 1949

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Sobre el autor:

Antonio María Fernández de Puelles de Torres-Solanot

– Trabajador Social

– Empresario

– Máster en Dirección de Comercio Intenacional

– Máster en Business Intelligence, Big Data, Professional Qualification in Management & Leadership

– Certificación Oficial CMMI

– Certificación Oficial en ITIL V3

– Master en Redes CCNA de Cisco

– Ingeniero en Informática de Gestión

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