La era de la «hiperglobalización», que cobró impulso a partir de los años noventa, trajo consigo grandes logros económicos. La pobreza extrema, como la define el Banco Mundial, se redujo considerablemente con expectativas de erradicación en todos salvo unos pocos países con fragilidad institucional, en parte gracias al fuerte crecimiento de los países del este asiático. Los niveles de vida, que se miden según el ingreso per cápita, aumentaron en todo el mundo.
Los consumidores de las economías abiertas al comercio obtuvieron acceso a una extraordinaria variedad de bienes procedentes de todo el mundo a precios asequibles. Gracias a los teléfonos inteligentes, las computadoras y otros artículos electrónicos, la población pudo aumentar su productividad y gozar de un entretenimiento más variado que el que hayan soñado las generaciones anteriores. Los precios más bajos de los viajes aéreos permitieron visitar otros países y conocer nuevas culturas e ideas, una experiencia que antes quedaba reservada a las personas muy adineradas.
Si bien muchos factores contribuyeron a esta mejora del nivel de vida, la apertura y otras políticas de mercado desempeñaron un papel fundamental. Las actividades comerciales (en ese momento) con países de bajos salarios influyeron en los precios de los bienes y los salarios de las economías avanzadas, beneficiando a los consumidores de esos países y a los trabajadores de los países exportadores. La inflación se mantuvo en niveles sorprendentemente bajos, a pesar de la expansión cuantitativa y el aumento de la deuda de Estados Unidos.
Por último, los países de Occidente disfrutaron de un período prolongado de paz —una rareza histórica— que trajo prosperidad. Un importante factor de este logro fue, a todas luces, la estrecha interconexión mundial que se logró hacia finales del siglo XX, al darle a todos los actores un incentivo para comportarse correctamente. En una era de hiperglobalización, una guerra implicaba la perturbación de las cadenas de suministro mundiales, con posibles consecuencias graves para la economía mundial, como estamos en vías de constatar.
Ha habido un claro cambio en la política y en la opinión pública respecto del comercio mundial. ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Cómo han incidido los diferentes factores? ¿Y qué cabe esperar?
Sin embargo, bajo la superficie fueron acumulándose tensiones que derivaron en una reacción contra la globalización. Trazamos tres etapas de este movimiento de desglobalización: la primera comenzó alrededor de 2015, cuando el nerviosismo en torno a la globalización y la competencia de países con bajos salarios derivaron en el Brexit, los aranceles aplicados por Estados Unidos, las represalias de China y un resurgimiento de posiciones extremistas en Europa.
¡Nos vemos en próximas entradas!



































































































































































































































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